narciso-lopez

El venezolano que dio a Cuba su bandera

lopez1

La primera de las enseñanzas que encontramos en la vida del venezolano que murió por Cuba y a Cuba dio su bandera revolucionaria y nacional, es la de saber rectificar errores anteriormente cometidos: el gran error y la inexplicable traición para con su patria nativa, que le hace militar en las narciso-lopez-juventudfilas realistas, y combatir a los ejércitos libertadores, enigma no descifrado, que él se llevó a la tumba, ceguera para lo patriótico y lo americanista de la que ha de curarse radicalmente cuando, ya desde la misma España, ve la sinrazón de su postura reaccionaria y se consagra -como expresa en su folleto de 1838- a la defensa de los principios e intereses liberales, anheloso de merecer la confianza de los hombres libres y resuelto a sacrificar toda otra consideración y miramiento al triunfo de la libertad.

Cuba es el Jordán en que lava sus culpas de juventud y se convierte en americano de nuestra América. Al pisar la tierra cubana de Trinidad y ponerse en contacto con los elementos criollos progresistas, su mente y su corazón se abren a la verdad, y vuelve -como él mismo dice en carta de 1839-”a mi posición de simple americano”; y en confesión solemne ante sus hermanos del Continente, con clarísima visión y concepción americanista, jura:

Dedicar el resto de mi vida, física y moral, a procurar acabar con aquel tan bárbaro como hipócrita gobierno de la parte de acá de los mares, recuperando así mi dignidad y la de mis paisanos esclavizados aún y cargados de más pesadas y groseras cadenas que las que me hacían arrastrar a mí dorándomelas con falsos halagos.

Que su determinación es radicalmente concluyente lo prueba con creces su combatir sin descanso por la independencia de este pedazo de tierra americana, víctima todavía del despotismo de la Metrópoli, con renunciamiento definitivo de todo beneficio individual.

Esa inquebrantable resolución de conquistar el ideal perseguido y ese insobornable espíritu de sacrificio, son otras dos lecciones que nos ha legado Narciso López, como ejemplo a imitar por los cubanos y americanos de todos los tiempos.

Y su tenacidad y su desinterés son tanto más ejemplarmente nobilísimos, cuanto que las mantiene incólumes, no obstante la reiterada comprobación de que sus empeños revolucionarios no encuentran eco en la mayoría del pueblo de Cuba, carente entonces de una conciencia patriótica separatista que lo impulsara a secundar los planes bélicos de su generoso libertador.

narciso-lopezAdmirables lecciones éstas, a recoger y asimilar por los ciudadanos de nuestros repúblicas hispanoamericanas en las campañas cívicas contra injusticias, atropellos, explotaciones, dictaduras y tiranías de desgobernantes y politiqueros, tan necesitados como estamos aún, en el suelo de América, de esas virtudes que poseyó en grado superlativo Narciso López, y por cuya carencia han fracasado, una y cien veces, altos empeños regeneradores y hemos continuado malviviendo en el oprobio y en la indignidad.

Más que la fe en el triunfo de la causa que defendía, puede afirmarse que lo que no abandonó nunca a Narciso López durante su heroica lucha por Cuba libre, fue su inquebrantable convicción de la justicia de esa causa y la pureza de sus intenciones.

Flaquean y abjuran los incrédulos, los que no persiguen ideales ni defienden principios, ni sienten dolor de injusticias ajenas, sino sólo buscan la conquista de un botín, la satisfacción de ambiciones personales, el propio bienestar y no el de su pueblo.

Lo que Martí dice de Bolívar, en su memorable artículo -Tres Héroes- de la Edad de Oro, puede aplicarse a Narciso López: “hombres que se deciden a la guerra antes que los pueblos. .. y no se cansan cuando su pueblo se cansa”. Y a él le cuadra asimismo, el juicio que del mismo Bolívar y de Hidalgo y San Martín, formula, rebosante su corazón de ternura, al pensar en esos gigantescos fundadores:

Esos son héroes; los que pelean para hacer a los pueblos libres, o los que padecen en pobreza y desgracia por defender una gran verdad.

Sí: fundador y héroe fue Narciso López. Y vigente está, por desgracia, en las repúblicas todas del Continente, el anatema martiano:

Los que pelean por la ambición, por hacer esclavos a otros pueblos, por tener más mando, por quitarle a otro pueblo sus tierras, no son héroes, sino criminales.

 

Hoja de Servicios

toma-de-cardenasLa hoja de servicios de Narciso López como libertador de Cuba, desde que a ese empeño se consagra, puede sintetizarse así: Toma parte en la conspiración de la Cadena Triangular y Soles de la Libertad, Organiza la de la Mina de la Rosa Cubana, de 1847, que fracasa por la delación de un traidor. Se une a los cubanos exiliados en los Estados Unidos e integra con ellos la Junta proveedora de los intereses políticos de Cuba. Plasma, en 1849, la forma y colores de la bandera cubana. Organiza la expedición de la Isla Redonda, esperando contar con la cooperación del gobernador del Estado de Mississipi, mayor general John A. Quitman, simpatizador de los patriotas cubanos; pero el presidente de los Estados Unidos, Zacadas Taylor, echa por tierra todos los arduos trabajos revolucionarios. No se amilana el general López por ese nuevo fracaso. Lanza una emisión de bonos por valor de cuarenta mil pesos, que es cubierta por cubanos y norteamericanos. Organiza una expedición con unos seiscientos hombres de diversas nacionalidades, cubanos los menos, que en tres barcos se dirigen a Cuba, arribando uno de ellos, el Créole, el 19 de mayo de narciso-lopez-bandera-cuba1850, a Cárdenas, donde López hace ondear por vez primera, sobre el suelo de Cuba, en acción de guerra triunfante, su bandera de la estrella solitaria. Someten la población, pero el pueblo no los secunda debidamente, y tienen que abandonarla, dirigiéndose a Cayo Hueso. Sigue conspirando el incansable luchador. Organiza otra expedición con el barco Pampero y medio millar de hombres, que desembarcan en Playitas, cerca de Bahía Honda, provincia de Pinar del Río. Atacados, se defienden con éxito, bravamente, pero la enorme superioridad de las fuerzas enemigas, la indiferencia y hasta la hostilidad de la población, las deserciones e indisciplina, hacen imposible toda resistencia, hasta que, dispersos y acorralados los escasos supervivientes, se produce la captura de López y siete de sus compañeros. Conducido a La Habana, es ejecutado en garrote, en la explanada de La Punta, el 1ro de septiembre de 1851.

 

¿ANEXIONISTA O INDEPENDENTISTA?

El estudio, tanto de los primeros empeños independentistas como de las dos etapas de la Guerra Libertadora de los Treinta Años, nos descubre la verdad histórica, muy olvidada lamentablemente en los días republicanos, de la enemiga de Norteamérica, Estado, contra todos los movimientos libertadores cubanos, y su decidido y constante apoyo al mantenimiento de la soberanía española en Cuba; aunque se registra siempre, también, la opuesta actitud del pueblo norteamericano, simpatizador, unas veces, cooperador y militante, otras, en nuestras luchas emancipadoras.

lopez-3Narciso López -ya lo señalamos- fue víctima de esta hostilidad del estado norteamericano a la independencia de Cuba; formidable argumento éste, que puede esgrimirse contra el supuesto anexionismo del caudillo, pues no es concebible que un hombre de su clarísima inteligencia y acreditada experiencia revolucionaria, no obstante haber sufrido en carne propia, una y otra vez, desde 1849, los efectos de esa adversa actitud, traducida en la destrucción de sus planes revolucionarios, persista en llevarlos adelante para luego entregar la Isla a esos enemigos de su independencia: esta realidad quita todo valor efectivo a las acusaciones de anexionismo que puedan imputársele, queriendo fundarlas en los contactos que mantuvo ocasionalmente, con algunos cubanos anexionistas, o en esta o aquella manifestación, hecha ya en privado, ya en cartas, por algunos de sus amigos; o a ciertos pronunciamientos suyos, atribuibles más bien a cálculo o táctica política, ya que le fue indispensable contar con el apoyo económico y de material humano de ciudadanos norteamericanos.

Entre los numerosos testimonios probatorios de la actitud francamente independentista de López, de su propósito de lograr la separación de la Metrópoli con la cooperación del pueblo de la Isla y establecer una República soberana, vamos a citar solamente la declaración que hizo, ante el Fiscal actuante en una de las causas incoadas, el expedicionario Francisco Alejandro Lainé, natural de Alquízar y persona acomodada, pues dio como ocupación la de “administrador de los bienes de su madre”; declaración que fue publicada en la Gaceta Oficial por orden del capitán general Concha, Y en la cual manifiesta Lainé:

que el designio de López era el establecimiento de la República de Cuba, para lo cual contaba con la insurrección del país y apoyo de las tropas …

Análogas manifestaciones en cuanto a la cooperación del pueblo de Cuba, con que contaba López, las hizo otro expedicionario, Diego St Levei, cuya declaración también fue publicada, por orden de Concha, en la Gaceta Oficial:

Decía él que los habitantes de Cuba se hallaban oprimidos y vejados de muerte por el despotismo: que había cinco mil patriotas cubanos preparados a tomar las armas en favor de la causa de la libertad, y que López se uniría a ellos…

Por último, Carlos N. Horwell, corresponsal en campaña del True Delta, en carta dirigida a los editores de dicha publicación, les manifiesta:

… bien saben ustedes que antes de mi partida de Nueva Orleans se nos hizo creer que los habitantes de Cuba deseaban nuestra cooperación en la llamada causa de su independencia…

Es necesario hacer resaltar que estas tres manifestaciones las hacen individuos totalmente arrepentidos de haber participado en la expedición, en momento en que se encontraban prisioneros del gobierno español de la Isla y demandaban conmiseración del mismo para lograr su libertad.

No es de extrañar que, no obstante estos clarísimos pronunciamientos, que desvirtúan todo propósito anexionista por parte de López. el capitán general José Gutiérrez de la Concha, en sus Memorias sobre el estado político, gobierno y administración de la isla de Cuba, no conforme con lanzar sobre López y sus expedicionarios terribles y soeces diatribas, calificando la expedición de “gavilla”, y de “pirata” al vapor que la conducía; de “traidor” a López, a sus hombres de “advenedizos”, y a todos de “bandidos”, “piratas”, “forajidos”, y aunque reconoce “que contaba con la seguridad inspirada a los que la dirigían [la expedición] de promover un levantamiento general en la Isla”, sin embargo, en su empeño de rebajar la personalidad indiscutible de López, que por mucho tiempo había vivido en Cuba, que tenía en ella muchas relaciones, y que, según suele acontecer con los hombres que representan un pensamiento político, había conseguido que se olvidasen sus faltas y se realzasen sus cualidades, acuse al caudillo libertador de ser “un general español que llevaba la bandera de la anexión cubana”.

 

Gobierno norteamericano se opuso a López

Los movimientos revolucionarios de Narciso López no pueden ser calificados de anexionistas, porque además de las razones ya expuestas, falta el elemento esencial de la aceptación de ese propósito por parte del Gobierno norteamericano, y existe por el contrario, documentalmente probada, la seguridad de que dicho Gobierno respaldó a España en el mantenimiento de su soberanía sobre la Isla, condenó pública y oficialmente a quien, como Narciso López, trataba de perturbar ese estado de cosas, y ejerció acción represiva para hacer efectiva su hostilidad a esos intentos separatistas.

Refiriéndonos tan sólo a la última expedición revolucionaria de Narciso López, no es posible dejar de tener en cuenta que sus trabajos preparatorios fueron anatematizados por el presidente de los Estados Unidos Millard Fillmore y su secretario de Estado interino W. S. Derrick, en su proclama de 25 de abril, calificándolos de:

criminales y hostiles preparaciones contra una potencia amiga … de reprobados planes, en lo que cometen un odioso abuso de la hospitalidad que se les ha dado, correspondiendo con flagrante ingratitud al beneficio de que se les haya dado asilo en este país contra la opresión que sufrían en el suyo .. , estas expediciones no pueden considerarse de otro modo que como aventuras de latrocinio y saqueo, y tienen que merecer la reprobación del mundo civilizado, siendo además actos contrarios al derecho de gentes, y a nuestras propias leyes que expresamente los prohíben.

Esta furibunda condenación del gobierno norteamericano contra Narciso López, y sus expedicionarios de Playitas, que fue calificada de “feroz proclama” por el historiador norteamericano J. F. H. Clarborne, en su obra Life altd correspoltdeltce of John Quitmalt, supera en virulenta animosidad a las diatribas que contra ellos lanzó el capitán general José Gutiérrez de la Concha; fue ratificada con la impasible actitud de aquel Gobierno ante el fusilamiento, en las faldas del Castillo de Atarés, de La Habana, el 16 de agosto, del coronel William Crittemlen y cuarenta y nueve de sus compañeros, norteamericanos todos, capturados cuando trataban de escapar a los Estados Unidos.

¿Por ser anexionistas habrían de merecer Narciso López y sus hombres la terrible condenación del Gobierno de los Estados Unidos? ¿Podría haber permitido éste, que, por anexionistas, fueran fusilados Crittenden y sus compañeros norteamericanos?

 

Humanismo de López

Se puso también de manifiesto, con motivo de este postrer movimiento revolucionario de López, hasta qué extremos de crueldad era capaz de llegar la reacción anticubana de los gobernantes españoles de la Isla y de los propios cubanos españolizantes, en contraste con la conducta ejemplarmente humanitaria de Narciso López. Mientras éste curó solícitamente a los heridos españoles, atendiendo asimismo al segundo de Enna, su amigo el comandante Nadal, numerosos expedicionarios fueron cazados, con perros adiestrados en la persecución y captura de los negros esclavos cimarrones, según informó al Capitán General el teniente coronel Félix Sánchez, por “entusiasmados paisanos que corrían tras de los enemigos por las escabrosidades de las sierras para apoderarse de los rezagados”, asesinándolos cobardemente, más que por entusiasmo patriótico o por venganza, para recibir la recompensa monetaria ofrecida por el Gobierno en pago a su criminal servicio en defensa de la causa realista.

 

Su amor por Cuba

monumento-narciso-lopezLa odisea de Narciso López, desde Playitas hasta los Pinos de Rangel, confirma el temple indomable de este cruzado de la libertad de Cuba, y su fervorosa e irreductible consagración a la sagrada causa que tan noble y desinteresadamente había abrazado. Su calvario final está enmarcado en dos frases que la historia ha recogido como expresión simbólica de la adoración sin límites que profesaba a su patria adoptiva. Cuando en Playitas, ya desembarcados sus legionarios, trató de arengarlos, la emoción sólo le permitió exclamar: “-¡Amada Cuba… !” Y sus palabras postreras, en el tablado del patíbulo, fueron: “¡Adiós, mi Cuba querida!”.

 

Fuente: “NARCISO LÓPEZ Y SUS COMPAÑEROS DE PLAYITAS” Emilio Roig de Leuchsenring. La Habana 1951

Anuncios