Narciso López Oriola

narciso-lopezNarciso López Oriola

Nació: Caracas 2 de noviembre de 1797

Murió: La Habana 1 septiembre de 1851

Padres: Pedro Manuel López y Ana Paula Oriola

Era nativo de Venezuela y pertenecía a una familia distinguida de aquella entonces Capitanía General. Al entrar casi en la adolescencia ocurrió la revolución de su país, y poco después tomó servicio contra ella, en la caballería de las tropas reales. De carácter alegre, franco, abierto y simpático, de rostro agraciado, de cuerpo airoso, diestro en el manejo de todas las armas y de un valor temerario, que se complacía en desafiar los peligros, pronto logró distinguirse y subir. A la conclusión de la guerra, en 1826, era Coronel y gozaba fama universal de valiente, arrojado y entendido militar.

Cuando cesó la guerra de Costa firme, vinieron a buscar refugio y recompensas en Cuba, multitud de oficiales y jefes que habían permanecido fieles a las banderas de España. Entre aquellos narciso-lopez-2centenares de oficiales, zambos, de rostro atezado y enérgico en su mayoría, brillaban como dos estrellas por sus distinguidas figuras, el Teniente Coronel Don Ramón de las Llamosas y el Coronel Don Narciso López, jinetes consumados que iban a caracolear por las tardes en arrogantes corceles al Paseo, que así se llamaba entonces a la que después se tituló Alameda de Isabel II. Yo tenía entonces seis años de edad, y recuerdo como si fuera cosa de ayer, el entusiasmo con que concurrían las gentes a admirar la habilidad ecuestre de los dos gallardos venezolanos y los elogios que les prodigaban. (1)

La primera de las enseñanzas que encontramos en la vida del venezolano que murió por Cuba y a Cuba dio su bandera revolucionaria y nacional, es la de saber rectificar errores anteriormente cometidos: el gran error y la inexplicable traición para con su patria nativa, que le hace militar en las filas realistas, y combatir a los ejércitos libertadores, enigma no descifrado, que él se llevó a la tumba, ceguera para lo patriótico y lo americanista de la que ha de curarse radicalmente cuando, ya desde la misma España, ve la sinrazón de su postura reaccionaria y se consagra -como expresa en su folleto de 1838- a la defensa de los principios e intereses liberales, anheloso de merecer la confianza de los hombres libres y resuelto a sacrificar toda otra consideración y miramiento al triunfo de la libertad.

Cuba es el Jordán en que lava sus culpas de juventud y se convierte en americano de nuestra América. Al pisar la tierra cubana de Trinidad y ponerse en contacto con los elementos criollos progresistas, su mente y su corazón se abren a la verdad, y vuelve -como él mismo dice en carta de 1839-“a mi posición de simple americano”; y en confesión solemne ante sus hermanos del Continente, con clarísima visión y concepción americanista, jura:

“Dedicar el resto de mi vida, física y moral, a procurar acabar con aquel tan bárbaro como hipócrita gobierno de la parte de acá de los mares, recuperando así mi dignidad y la de mis paisanos esclavizados aún y cargados de más pesadas y groseras cadenas que las que me hacían arrastrar a mí dorándome1as con falsos halagos.”

Que su determinación es radicalmente concluyente lo prueba con creces su combatir sin descanso por la independencia de este pedazo de tierra americana, víctima todavía del despotismo de la Metrópoli, con renunciamiento definitivo de todo beneficio individual.

Más que la fe en el triunfo de la causa que defendía, puede afirmarse que lo que no abandonó nunca a Narciso López durante su heroica lucha por Cuba libre, fue su inquebrantable convicción de la justicia de esa causa y la pureza de sus intenciones.

La hoja de servicios de Narciso López como libertador de Cuba, desde que a ese empeño se consagra, puede sintetizarse así: Toma parte en la conspiración de la Cadena Triangular y Soles de la Libertad, Organiza la de la Mina de la Rosa Cubana, de 1847, que fracasa por la delación de un traidor. Se une a los cubanos exiliados en los Estados Unidos e integra con ellos la Junta proveedora de los intereses políticos de Cuba. Plasma, en 1849, la forma y colores de la bandera cubana. Organiza la expedición de la Isla Redonda, esperando contar con la cooperación del gobernador del Estado de Mississipi, mayor general John A. Quitman, simpatizador de los patriotas cubanos; pero el presidente de los Estados Unidos, Zacadas Taylor, echa por tierra todos los arduos trabajos revolucionarios. No se amilana el general López por ese nuevo fracaso. Lanza una emisión de bonos por valor de cuarenta mil pesos, que es cubierta por cubanos y norteamericanos. Organiza una expedición con unos seiscientos hombres de diversas nacionalidades, cubanos los menos, que en tres barcos se dirigen a narciso-lopez-bandera-cubaCuba, arribando uno de ellos, el Créole, el 19 de mayo de 1850, a Cárdenas, donde López hace ondear por vez primera, sobre el suelo de Cuba, en acción de guerra triunfante, su bandera de la estrella solitaria. Someten la población, pero el pueblo no los secunda debidamente, y tienen que abandonarla, dirigiéndose a Cayo Hueso. Sigue conspirando el incansable luchador. Organiza otra expedición con el barco Pampero y medio millar de hombres, que desembarcan en Playitas, cerca de Bahía Honda, provincia de Pinar del Río. Atacados, se defienden con éxito, bravamente, pero la enorme superioridad de las fuerzas enemigas, la indiferencia y hasta la hostilidad de la población, las deserciones e indisciplina, hacen imposible toda resistencia, hasta que, dispersos y acorralados los escasos supervivientes, se produce la captura de López y siete de sus compañeros. Conducido a La Habana, es ejecutado en garrote, en la explanada de La Punta, el 1ro de septiembre de 1851.

El estudio, tanto de los primeros empeños independentistas como de las dos etapas de la Guerra Libertadora de los Treinta Años, nos descubre la verdad histórica, muy olvidada lamentablemente en los días republicanos, de la enemiga de Norteamérica, Estado, contra todos los movimientos libertadores cubanos, y su decidido y constante apoyo al mantenimiento de la soberanía española en Cuba; aunque se registra siempre, también, la opuesta actitud del pueblo norteamericano, simpatizador, unas veces, cooperador y militante, otras, en nuestras luchas emancipadoras.

Narciso López -ya lo señalamos- fue víctima de esta hostilidad del estado norteamericano a la independencia de Cuba; formidable argumento éste, que puede esgrimirse contra el supuesto anexionismo del caudillo, pues no es concebible que un hombre de su clarísima inteligencia y acreditada experiencia revolucionaria, no obstante haber sufrido en carne propia, una y otra vez, desde 1849, los efectos de esa adversa actitud, traducida en la destrucción de sus planes revolucionarios, persista en llevarlos adelante para luego entregar la Isla a esos enemigos de su independencia: esta realidad quita todo valor efectivo a las acusaciones de anexionismo que puedan imputársele, queriendo fundarlas en los contactos que mantuvo ocasionalmente, con algunos cubanos anexionistas, o en esta o aquella manifestación, hecha ya en privado, ya en cartas, por algunos de sus amigos; o a ciertos pronunciamientos suyos, atribuibles más bien a cálculo o táctica política, ya que le fue indispensable contar con el apoyo económico y de material humano de ciudadanos norteamericanos.

Los movimientos revolucionarios de Narciso López no pueden ser calificados de anexionistas, porque además de las razones ya expuestas, falta el elemento esencial de la aceptación de ese propósito por parte del Gobierno norteamericano, y existe por el contrario, documentalmente probada, la seguridad de que dicho Gobierno respaldó a España en el mantenimiento de su soberanía sobre la Isla, condenó pública y oficialmente a quien, como Narciso López, trataba de perturbar ese estado de cosas, y ejerció acción represiva para hacer efectiva su hostilidad a esos intentos separatistas.

Refiriéndonos tan sólo a la última expedición revolucionaria de Narciso López, no es posible dejar de tener en cuenta que sus trabajos preparatorios fueron anatematizados por el presidente de los Estados Unidos Millard Fillmore y su secretario de Estado interino W. S. Derrick, en su proclama de 25 de abril, calificándolos de:

“criminales y hostiles preparaciones contra una potencia amiga … de reprobados planes, en lo que cometen un odioso abuso de la hospitalidad que se les ha dado, correspondiendo con flagrante ingratitud al beneficio de que se les haya dado asilo en este país contra la opresión que sufrían en el suyo .. , estas expediciones no pueden considerarse de otro modo que como aventuras de latrocinio y saqueo, y tienen que merecer la reprobación del mundo civilizado, siendo además actos contrarios al derecho de gentes, y a nuestras propias leyes que expresamente los prohíben.”

Esta furibunda condenación del gobierno norteamericano contra Narciso López, y sus expedicionarios de Playitas, que fue calificada de “feroz proclama” por el historiador norteamericano J. F. H. Clarborne, en su obra Life altd correspoltdeltce of John Quitmalt, supera en virulenta animosidad a las diatribas que contra ellos lanzó el capitán general José Gutiérrez de la Concha; fue ratificada con la impasible actitud de aquel Gobierno ante el fusilamiento, en las faldas del Castillo de Atarés, de La Habana, el 16 de agosto, del coronel William Crittemlen y cuarenta y nueve de sus compañeros, norteamericanos todos, capturados cuando trataban de escapar a los Estados Unidos.

¿Por ser anexionistas habrían de merecer Narciso López y sus hombres la terrible condenación del Gobierno de los Estados Unidos? ¿Podría haber permitido éste, que, por anexionistas, fueran fusilados Crittenden y sus compañeros norteamericanos?

La odisea de Narciso López, desde Playitas hasta los Pinos de Rangel, confirma el temple indomable de este cruzado de la libertad de Cuba, y su fervorosa e irreductible consagración a la sagrada causa que tan noble y desinteresadamente había abrazado. Su calvario final está enmarcado en dos frases que la historia ha recogido como expresión simbólica de la adoración sin límites que profesaba a su patria adoptiva. Cuando en Playitas, ya desembarcados sus legionarios, trató de arengarlos, la emoción sólo le permitió exclamar: “-¡Amada Cuba…!” Y sus palabras postreras, en el tablado del patíbulo, fueron: “¡Adiós, mi Cuba querida!”. (2)

narciso-lopez-3Como resultado de las continuadas lecturas que hemos hecho para estudiar la interesante personalidad del general Narciso López, llegamos a considerar que en su primera actuación o sea en la conspiración de la Mina de la Rosa Cubana, sus ideales fueron separatistas; que cuando en los Estados Unidos preparaba las expediciones en los vapores Creóle y Cleopatra, sus orientaciones políticas eran anexionistas; pero que cuando logró realizar los preparativos necesarios y ponerse en comunicación con Joaquín de Agüero y con Isidoro Armenteros, su decidido propósito era el de lograr la Independencia de esta Isla, como así se expresa en la Constitución de Narciso López, impresa en New Orleans en el año de 1850, obra hecha por personas cultas y expertas pero inspirada por él, donde en 23 artículos establece y crea la República de Cuba, libre e independiente. Qué razón tuvo el excelente escritor Manuel Sanguily cuando aseveró que Narciso López fue sólo separatista en 1848 a 1849; que ya en 1850 laboró en favor de la anexión; pero que en 1851 en proclama dirigida a los habitantes de Cuba, se declaraba ferviente creador de un estado, donde el pueblo soberano bien puede con su estrella unirla a la constelación americana o estimar que puede resplandecer con gloria independiente y eterna.

Respecto a que el general Narciso López pretendiera la anexión de Cuba a los Estados Unidos, el Sr. Juan Manuel Macias, que no era amigo de Gaspar Betancourt Cisneros, en carta dirigida a Juan Bellido de Luna, fechada en 4 de marzo de 1875 decía: ·’EI general López, lo recuerdo muy bien, siempre sostuvo en el círculo de sus amigos, que el pueblo de Cuba libre era el único que tenía derecho a decidir en tan importante cuestión y que el deber del ejército libertador era someterlo a su discusión; pues el general Narciso López sacrificó su elevada situación social y cuanto en el mundo tenía, sólo por conquistar la independencia de Cuba”. (3)

 

(1) ”INICIADORES Y PRIMEROS MÁRTIRES DE LA REVOLUCIÓN CUBANA”. Dr. Vidal Morales y Morales. La Habana 1901.

(2) “NARCISO LÓPEZ Y SUS COMPAÑEROS DE PLAYITAS” Emilio Roig de Leuchsenring. La Habana 1951.

(3) “LA IDEA DE LA ANEXION DE CUBA A LOS ESTADOS UNIDOS DE NORTEAMERICA FUE UNA CONSECUENCIA CIRCUNSTANCIAL DEL MOMENTO Y NUNCA EL IDEAL ACARICIADO POR LOS CUBANOS”. Dr. Pedro García Valdés. Pinar del Río 1947.

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