Francisco de Arango y Parreño

francisco-arango-parreñoFrancisco de Arango y Parreño

Nació el 22 de mayo de 1765.

Murió el 21 de marzo de 1837.

El político, abogado y economista Francisco de Arango y Parreño ocupó durante finales del siglo XVIII y principios del XIX múltiples cargos comerciales y políticos en Cuba. Desde todos estos cargos y a partir de sus informes y publicaciones modeló el pensamiento económico cubano de la primera mitad del siglo XIX. Sus trabajos contribuyeron enormemente a sus propósitos de llevar la economía cubana a una estructura diferente.

Francisco de Arango y Parreño nació en la Habana en 1765, de una familia acomodada y con tradición de servicio público. Precisamente unos años antes ya Cuba se incluía entre las naciones americanas consideradas “potencias” en la producción azucarera, por detrás de Santo Domingo y por encima de Jamaica y es ese auge de la plantación azucarera lo que ve Arango y Parreño como el motor fundamental de la economía cubana, y a la mano de obra esclava como fuerza de trabajo fundamental, elemento este criticado por muchos pensadores contemporáneos, pero consecuente con el momento histórico en que planteó su ideario económico.

Desde muy niño gustó más de libros que de juegos y bullicios. Su inclinación a los estudios se hizo pasión. En el Seminario de San Carlos cursó humanidades con Domingo Mendoza. A los catorce años entró a manejar los cuantiosos intereses de su familia, tarea en la que dio muestras clarísimas del gran talento que poseía en el orden económico administrativo. Terminado el curso de filosofía, ingresó en la Universidad a estudiar leyes. Graduado de bachiller en derecho, pasó a Santo Domingo, asiento de la Audiencia antillana, con el fin de encargarse de la defensa de su familia en un pleito que en su contra sostenían poderosos señorones, y en el cual, autorizado para abogar como defensor, hizo gala de su saber y de su poderosa inteligencia, logrando al cabo resolución pronta y favorable.

Por sus intereses económicos los hacendados criollos se mantuvieron ajenos a la lucha independentista desarrollada en todo el continente durante el primer cuarto del siglo XIX, pues la guerra implicaba su ruina como clase social; quedaron atrapados en un conflicto insoluble: necesitaban libertad para su clase y esclavitud para los negros. A finales del XVIII (Revolución Haitiana, 1791–1804) los hacendados cubanos vieron de cerca lo volátil que podía ser una economía monoproductora y basada en el trabajo esclavo. De ahí salieron valiosas lecciones para los cubanos también y grandes ventajas económicas, pero no vieron las limitantes del trabajo esclavo.

francisco-arango-parreño2En su condición de flamante Apoderado del Ayuntamiento de La Habana en la Corte, Arango y Parreño, se anotará como éxito, en favor de la incipiente sacarocracia cubana, la real cédula del 6 de febrero de 1789, promulgadas por Carlos III, donde se autoriza la libre introducción de esclavos en la colonia, lo que garantizará la fuerza de trabajo necesaria para expandir la industria azucarera. Será pues, indirectamente y a tenor de sus conceptos esclavistas, Francisco de Arango y Parreño, uno de los responsables del incremento del factor africano en el componente etnocultural del pueblo de Cuba.

Pero no sólo la economía preocupaba al patricio Cubano, también temía, con el fomento de la importación de esclavos que el mismo ya había auspiciado, un levantamiento de negros y mulatos que repitiera en Cuba las sublevaciones que desde el año 1791 acontecerían en Haití.

Como remedio Arango propone el fomento de poblaciones blancas en el campo, como elemento de freno a una posible rebelión. Arango vivirá para conocer de tales rebeliones, fomentadas no sólo por el crecimiento de la masa esclava, sino también por la conspiración del enemigo histórico de España: el agente inglés.

Habiendo promovido con todo éxito el incremento de la importación de esclavos en Cuba, Francisco de Arango y Parreño se verá en situación de tener que defender la esclavitud como fundamento de la economía Cubana.

Uno de sus esfuerzos intelectuales más importantes como reformador administrativo ha sido su célebre Discurso sobre la agricultura de La Habana y medios de fomentarla, escrito en 1792. En este documento el ilustre habanero hace un llamado a los españoles para que dejen de llorar por sus problemas en América y encuentren las raíces del mal, particularmente los que adolecen la colonia de Cuba, que para él radica en la preferencia por la minería y en los métodos miserables de ejercer el comercio. El habanero recuerda que la riqueza proviene de la agricultura, el comercio y las artes (entiéndase la técnica) y sobre este postulado el reformador destaca la desatención que sufría Cuba.

Hay que destacar que Arango es reconocido también por ser un lector asiduo de los más avanzados textos de economía política de su tiempo, entre ellos la obra de Adam Smith; se nutrió a no dudar de las ideas económicas, sociales y políticas de ese momento histórico singular en que el capitalismo emerge con fuerza incontenible en el escenario mundial.

En fin, la figura de Arango y Parreño significó una impronta para el pensamiento cubano, sobre todo desde el punto de vista económico y político y marcó el ritmo de la economía y el comercio cubano durante casi medio siglo. Sus ideas se inscriben también en una época clave de surgimiento de otros pensadores en las esferas sociales, políticas, educacionales y culturales, por lo que sería desacertado analizar su figura sin tener en cuenta el contexto social en que se desarrolla y la situación económica-social en que se encontraba Cuba.

Objetivos económicos de Arango
En su función de Apoderado del Ayuntamiento de La Habana, Arango formuló los siguientes objetivos principales para su labor, que se convirtieron en las causas de toda su carrera:

  1. Aumentar la producción agrícola mediante el aumento de obreros, logrado por la facilitación de la importación de esclavos del África.
  2. Supresión de las trabas que impedían el comercio con el extranjero.
  3. Abolir o disminuir los derechos que oprimían los productos cubanos y proporcionar mercados para estos.

Y es a partir de estos objetivos que en 1792 plantea la propuesta titulada “Discurso sobre la Agricultura de La Habana y Medios de Fomentarla”, que el gobierno español aceptó. A partir de las propuestas de Arango se emitieron las disposiciones del Primer Ministro Manuel Godoy. Este decreto reconoció la labor de Arango y estableció las siguientes medidas:

  1. Simplificó las regulaciones sobre la importación de esclavos a Cuba.
  2. Permitió a los españoles llevar directamente los productos a los puertos extranjeros, obligando solo que las embarcaciones pasasen por España en su viaje de regreso a la América.
  3. Exentaba de derechos al azúcar transitado o depositado en España, pero reexportado a países extranjeros.
  4. Declaró exenta de todos los derechos y diezmos por diez años las cosechas de algodón, café y añil.

 

Limitantes del pensamiento de Parreño
Su ideal socio-económico tiene sus limitaciones. La implementación de muchos de los cambios que propugnaba, incluyendo los tecnológicos, responden a los intereses de una nobleza plantacionista y se excluyó el resto de las clases sociales. Otra de sus limitantes fue intentar aplicar una política de desarrollo hacia formas capitalistas sin tener una sólida base económica y social para el proyecto, de ahí las contradicciones internas e inconsecuencias que generó esta política en general.

 

Bibliografía:

  • Arango y Parreño, Francisco: Discurso sobre la Agricultura en La Habana y medios para fomentarla en Pichardo, Hortensia: Documentos para la Historia de Cuba, Tomo I, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1973.
  • Francisco de Arango y Parreño, Obras Completas I y II, Colección Biblioteca de Clásicos Cubanos, No. 22, Ediciones Imagen Contemporánea, La Habana, 2005
  • Arango y Parreño, Francisco: Obras, Publicaciones de la Dirección de Cultura del Ministerio de Educación, Tomo I y II, La Habana, 1952.
  • “Próceres” por Néstor Carbonell con ilustraciones o “Lápices de” Estebán Valderrama editado en 1919 por Imprenta “El Siglo XX”, Teniente Rey 27 en La Habana.

Fuentes:

Francisco de Arango y Parreño, precursor del pensamiento económico cubano. Autor: Sabdiel Batista Díaz

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